Testimonios desde la militancia

Cuatro mujeres, cuatro experiencias, cuatro recorridos. Sonia Alesso (CTERA), Carla Pertille (Colectiva Mercedes), Evelyn Rivas (Frente Estudiantil Popular) y Nora César (Partido Justicialista) reflexionan ante una serie de preguntas sobre la militancia.

Por Marcelo Ibarra

Se nos dirá que los testimonios elegidos son pocos, que los espacios y las problemáticas de intervención sobre lo público exceden por mucho las cuatro dimensiones mencionadas. De todas maneras, por algún lado hay que empezar y, en definitiva, toda selección limita; es caprichosa. Y limitar no es sólo circunscribir, también es definir.

Los cuatro discursos sobre la militancia evidencian distintos recorridos. Digo “discursos”, aunque bien podría decir “experiencias”, ya que discurso no es otra que la estructuración del sentido y experiencia es asignarle sentido al discurso. Por eso, las diferencias no sólo etarias y geográficas, sino de los lugares de militancia (el Estado, el lugar de trabajo, el barrio, el entorno familiar, la universidad, la clase social), permiten observar los hábitos, los conceptos, la manera en que nos relacionamos con el otro y, nada menos, construimos nuestra identidad. Pero se trata de un otro real, de carne y hueso, no ese otro como categoría abstracta de la pedagogía liberal.

¿Qué es la militancia?

“Es una forma de vida y de participación en distintos espacios: el barrio, la escuela, el centro de estudiantes, la universidad, el sindicato, la biblioteca popular, la iglesia. Hay muchísimas formas de militancia y todas son válidas porque conllevan un alto grado de solidaridad, de pensar en el otro”, afirma Sonia Alesso, secretaria general de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA). En este sentido, destaca el rol activo de la mujer en distintos espacios y contextos históricos, ya que “militantes siempre hubo, a lo largo de la historia argentina y hoy, en el presente, en todos los espacios públicos, escuelas, sindicatos, centros de estudiantes, en el barrio, en los sectores más variados de la cultura. Quizás, no son tan conocidas, ya que el patriarcado ha hecho su trabajo, pero hay una cantidad inmensa de compañeras militantes en los más diversos espacios”, observa la titular de la central gremial docente. “Argentina ha dado a Eva Perón y a Cristina, nada menos”, remarca.

Respecto de su inicio en la militancia y cuando se empezó a considerar como militante, Alesso recuerda su ingreso al Nivel Secundario, que fue en 1973, y coincidió con la creación del Centro de Estudiantes en la Escuela 227 de la localidad santafesina de Máximo Paz, su ciudad natal. “No sé si hay un momento, yo empecé a militar muy joven, vengo de una familia de gente muy comprometida, con familiares que militaban en unidades básicas, en sindicatos. Pero donde sentí que empezaba a militar fue en el Centro de Estudiantes de la Secundaria. La experiencia fue maravillosa”, rememora la gremialista docente y relata que luego de esas elecciones del centro fue secretaria de prensa del órgano estudiantil y conoció el trabajo comunitario “en hogares de ancianos y clubes”. “Es muy importante que los chicos participen, me reúno siempre con ellos, voy a dar charlas a los centros de estudiantes, a encuentros de jóvenes”, destaca Alesso.

La misma pregunta respondió Carla Pertille, referente de Colectiva Mercedes, organización que reúne mujeres de la localidad de Mercedes, Corrientes bajo el lema “luchamos para deconstruir violencias y garantizar nuestros derechos”. “Militancia es el acto de defender derechos y causas de forma individual y, a su vez, en conjunto con otras personas que comulgan con esas ideas y permiten un intercambio rico de opiniones y pensamientos”, define Carla. Respecto de sus primeros pasos en la militancia, relata: “desde chica mis viejos me transmitieron que la política es algo hermoso, como también defender una causa, pero pertenecer a un grupo que permite el intercambio de ideas y posiciones es reconfortante y alimenta el espíritu”. En su caso, Carla resalta que se dio cuenta de que era militante en la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), tras su paso por Franja Morada. “Si hay algo que rescato de esos tiempos son los intensos debates que se armaban entre compañeras y compañeros y que enriquecían los encuentros, uno aprendía el ejercicio de escuchar y ser escuchado con respeto, pese a que muchas veces teníamos posiciones diferentes sobre distintos temas”.

Recientemente, Colectiva Mercedes convocó a movilizar para este 25 de noviembre, con motivo del “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”. Pero, además, la organización habilitó un número de Whatsapp (3773-450182) para atender a mujeres víctimas de violencia de género y escuchar sus problemas en general. También, lleva a cabo un ciclo de talleres, con mujeres del barrio San Pedro, de esa localidad correntina, donde elaboran accesorios con cuero. Dichos materiales y herramientas los consiguieron con el aporte de las integrantes de Colectiva y los fondos recaudados de la feria que sus militantes organizan.

Feria de consumo responsable, organizada por Colectiva Mercedes

Desde Corrientes al Gran Buenos Aires. Más precisamente a la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ). Evelyn Rivas, militante del Frente Estudiantil Popular (FEP), agrupación que nació en 2009 y preside el Centro de Estudiantes desde 2012 en la Facultad de Ciencias Sociales, la única de las cinco facultades que integran la UNLZ donde el centro estudiantil es gobernado por el peronismo. “Militancia es dar tu tiempo al servicio de otro, otra. De esas personas que nadie se preocupa por escuchar y que necesita de nosotros porque tiene sus derechos vulnerados o no los conoce. Es amor al prójimo”, define Evelyn.

Sobre su modo de acercarse a la militancia, la referente del FEP recuerda que estaba en el último año del secundario cuando quiso participar del centro de estudiantes en su colegio, el Mariano Saavedra, del distrito de Esteban Echeverría. “Recuerdo muy bien a un tío y mi vieja diciéndome ‘no te involucres con las agrupaciones estudiantiles porque hacen política y a la universidad se va a estudiar’», relata Evelyn y agrega que al finalizar su primer cuatrimestre como universitaria se acercó al FEP: “veía en la agrupación sinceridad, predisposición, escucha, trabajo y ganas de cambiar realmente la situación en la institución”.

Respecto de si hay un momento en el que comenzó a verse a sí misma como militante, Evelyn relata: “me di cuenta cuando muchas personas de todas las edades acudían a mí por motivos no sólo académicos, sino también personales, buscaban un apoyo, contención. Eso, es una responsabilidad muy grande y siempre lo tome con mucho compromiso”. En este sentido, Evelyn agrega que tomó real dimensión de su identidad militante una vez que su agrupación dio el batacazo en la Facultad de Sociales: “me tocó ser secretaria general y luego la primera presidenta mujer del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales”.

Hasta aquí, hemos oído a mujeres militantes del sindicalismo, las problemáticas de género, militancia estudiantil. ¿Y la política institucional, partidaria? Bien, nos vamos para la localidad bonaerense de Colón, ubicada a 275 kilómetros de Capital Federal, distrito vecino a Pergamino, zona núcleo de la oligarquía sojera. En Pergamino, el macrismo ha sabido ganar con más del 60 por ciento. Sin embargo, en Colón, el peronismo ganó incluso en las elecciones de medio término de 2009, 2013 y 2017. Un baluarte imprescindible para que Colón haya resistido como una pequeña mancha azul en un mapa predominantemente amarillo fue Nora César, diputada nacional desde 2005 a 2009, compañera de ruta de Cristina Fernández de Kirchner desde mucho antes de que sea presidenta.

“En un sentido amplio, se define como la pertenencia a un grupo u organización partidaria, pero quienes lo hacemos desde la adolescencia, creemos que no se reduce a ese concepto, sino que organizadamente, es comprometerse, defender y trabajar por los derechos del pueblo, perseguir y conquistar luchas con ideales, llevadas a cabo con coherencia y valentía”, destaca Nora, quien en su paso por el Congreso Nacional impulsó la modificación del Código Penal para despenalizar el aborto en casos de violación, de gestantes menores e incapaces, o de tratamiento médico irremplazable, propuso la creación de un registro nacional de condenados por delitos contra la integridad sexual en ámbitos de ministerios nacionales y batalló para modificar el Código Electoral nacional a fin de ampliar la participación equivalente de géneros. “Los 30.000 compañeros y compañeras detenidos-desaparecidos son baluartes de la militancia organizada”, resalta Nora.

Sobre sus comienzos en la militancia, Nora recuerda: “hija de padres trabajadores, entendí muy tempranamente las desigualdades sociales y sus consecuencias. Mi militancia comienza desde muy chica, en nuestro amado Colon, apoyaba los candidatos peronistas de la ciudad”. Y agrega que, a comienzos de la década del 70, se juntaba con amigos a leer el diario La Opinión, que “denunciaba los horrores de lo que sería una historia siniestra en la región”. “El derrocamiento de Salvador Allende en Chile y la instauración de la dictadura suscitaba una persecución sangrienta contra artistas, profesionales, trabajadores, con posteriores desapariciones” rememora Nora y relata que también escuchaban “en un viejo Winco a José Larralde, quien nos conmovía con su canto y recitados, que describían con gran acierto las penurias del peón de campo”. Por eso, “leer ese diario y otras revistas, me dio tempranamente la idea de lo que luego ocurriría en nuestro país. Tal vez sea allí donde comencé a transitar la militancia en Derechos Humanos, ya que más tarde compartiría con compañeros y compañeras que hoy están desaparecidos”, concluye Nora, quien hoy milita activamente del Instituto Patria.

¿Por qué militamos?

La nueva ola neoliberal implica no sólo endeudamiento externo y baja de los salarios reales. En un plano intelectual, se anuncia el fin de las utopías políticas. No obstante, Sonia Alesso insiste: “militamos porque queremos cambiar un mundo que es injusto. Desde los espacios más pequeños, como el barrio, la escuela, la fábrica, el comedor comunitario, militamos por el otro y porque queremos un mundo más justo”.

En tanto, Carla Pertille afirma: “estoy convencida de que nunca hay que dejar de luchar y defender las propias convicciones, si bien las personas cambiamos, y las perspectivas sobre ciertos temas tienden a transformarse a medida que pasa el tiempo, hay algo que siempre debe existir y es la empatía, sin eso no existe militancia posible”.

Por su parte, Evelyn Rivas esgrime: “Militamos porque tenemos fe que puede existir un futuro mejor, verdaderamente mejor, no sólo en palabras, sino con hechos, donde las personas puedan lograr alcanzar sus sueños y se les garantice lo necesario para tener una vida digna con techo, trabajo, tierra y posibilidad de ascender socialmente. Realmente, necesitamos equidad y las mismas oportunidades todos en nuestro país y en el mundo”.

Por último, Nora César asegura que: “militamos para tratar de modificar la realidad, la vida del otro, por ideales y, como mujer, para lograr dentro del espacio en que militamos, la equidad de género, en la representación popular, un espacio que era reservado para hombre”. Además, describe una serie de aspectos centrales para la militancia: “involucrarse, tener conciencia social, participar, buscar justicia, y ejercer la solidaridad”, ya que la militancia “ayuda a entender, a colocarse siempre del lado correcto, de los más desamparados, de la niñez des protegida, de los ancianos, premisa importante para una peronista”.

¿Cuáles son riesgos, desafíos, limitaciones a los que se enfrenta la militancia?

“Siempre es mejor en democracia. Riesgo tuvimos en la dictadura, ya que uno se jugaba la vida, como lo demuestran los 30 mil desaparecidos y miles de presos políticos”, advierte Sonia Alesso. “Pero también la militancia la pasó muy mal en los cuatro años de macrismo, te pinchaban el teléfono, te seguían. Fueron momentos de mucha agresión hacia la militancia”, destaca la referente de CTERA.

Sobre la cuestión del ataque con discursos de odio hacia el sindicalismo y de la estigmatización hacia referentes gremiales, Alesso reflexiona que “la derecha ha logrado instalar determinados temas en todo el mundo y este es uno de ellos, ya que en Estados Unidos con Donald Trump también hay persecución a docentes”. En este sentido, la titular de CTERA sostiene que “es un momento en que las derechas del mundo son muy violentas, se nota en los medios hegemónicos”. No obstante, revindica el compromiso de organismos de Derechos Humanos y su carácter de “guía” para el resto de las militancias. “Tenemos el ejemplo de las Madres, de las Abuelas, de su pasión, su compromiso, su esperanza. Hay un pueblo que siempre pelea, incluso en los momentos más difíciles. Eso hace que sigamos levantándonos”, destaca Alesso y concluye: “hay una cuestión muy concreta, si uno conoce a sus vecinos, si uno milita y deja todo de sí, la gente lo ve, cuando uno está en los barrios, robándole tiempo a sus familias, en los sindicatos, en los partidos políticos del campo popular. Por eso es que decimos que no nos han vencido”.

Carla Pertille, de Colectiva Mercedes, explica que “uno de los obstáculos que tenemos los grupos que hacemos militancia feminista es la resistencia de una parte de la sociedad, en primer lugar, a que se expongan ciertos temas que de alguna manera estaban ocultos en los lugares de debate público como lo son, por ejemplo, el aborto clandestino, la prostitución, las niñas embarazadas, y que en la actualidad se están debatiendo y ya no existe la idea de que lo que pasa dentro de la casa es intimidad”. Al respecto, Carla agrega que “si tu vecina sufre violencia de género y sos testigo de esto, lo podés denunciar, esto hace unos años no era así, y los femicidios se caratulaban como ‘crímenes pasionales’. Este es un claro ejemplo de lo que el feminsimo logró.

“Sin embargo, las mujeres siguen muriendo en manos de femicidas todos los días, en un alto porcentaje las víctimas habían denunciado a su agresor con anterioridad. Por lo tanto, falta mucho por lograr no solo desde el Estado que debe asegurar los derechos de todos, sino también en la sociedad”, explica Carla y agrega: “debemos dejar de mirar para otro lado, dejar de creer que no hay que meterse, una concepción muy común sobre todo aquí en interior del país. Es una construcción cultural que lleva mucho tiempo, pero estoy segura que mis hijas ya van a vivir en una sociedad más evolucionada, una sociedad empática, en fin, una sociedad feminista”.

Sobre aspectos que aún faltan, Carla explica que “si bien es reconfortante pertenecer a un grupo humano que comulga con tus mismos ideales, es necesario abrirse a nuevos panoramas, ser tajante en lo obvio, es decir, no permitir atropellos ni actos que van en detrimento del feminismo como es nuestro caso, pero sí permitirse evaluar mecanismos y usar herramientas que sean útiles a la hora de abrir estos temas tan horribles y a la vez tan naturalizados en la sociedad”. Entre esos temas, Carla menciona: “la violencia de género, el embarazo infantil o la trata de personas, para permitirnos, en primer lugar, visibilizarlos, luego generar un debate coherente entre ciudadanos y finalmente lograr leyes y políticas de estado que garanticen derechos adquiridos y que aún faltan asegurar”.

Por su parte, Evelyn Rivas, del Frente Estudiantil Popular (FEP), explica que “el riesgo al que nos enfrentamos la militancia, en general, es a ser sólo predicadores de la política cómo herramienta de transformación social. Cuesta mucho porque conocemos lo que piensa la gente apenas uno empieza a hablar de política y el rechazo que genera”.

Una de las limitaciones que observa Evelyn tienen que ver con “la típica idea de la meritocracia, del esfuerzo individual y todos esos discursos que venimos escuchando desde siempre, que nos imponen por todos lados, incluso dentro de la propia familia”. Precisamente, “las conquistas de derechos y la felicidad del pueblo son colectivas o no lo son”, explica la militante del FEP, ya que “nada, absolutamente nada se conquista sin una organización. La política es la herramienta que nos ayuda a lograr esas conquistas, lo único que puede achicar la brecha entre tanta desigualdad, la que puede crear un estado y gobierno presente para los excluidos del sistema”.

“Necesitamos un sistema de salud fuerte al alcance de todos, no sólo de quiénes puedan pagarlo, un sistema educativo de cara a las realidades sociales de nuestra comunidad con una visión del cuidado sustentable y concienciación del medioambiente, respetar la cultura tan diversa que tiene nuestro país”, lo cual “debe estar contemplado en los planos educativos”, detalla Evelyn y concluye: “saber quiénes somos, de dónde venimos. Ni hablar del trabajo, todos y todas merecemos un laburo digno, sueldos dignos, e igualdad entre los géneros”.

Por una cuestión de caracteres, quedan afuera un sinnúmero de espacios de militancia: medioambiente, medios de comunicación, ciencia y tecnología, Derechos Humanos, entre tantos otros. Los testimonios presentados coinciden en destacar la importancia del ámbito educativo y su vínculo con la militancia. Perfecta síntesis en momentos que la derecha llama a cruzar espadas para implementar un macartismo 2.0.

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