El mito de la inmigración europea

El intento por parte de Alberto Fernández de referenciar al peronismo con lo europeo permite esta lúcida refexión sobre los peligros que entraña construir nociones epistemológicas escindidas de los sentimientos y experiencias populares.

Por Mariano Dubin

El 2021 ha dejado mucho material para analizar en términos discursivos. Sin dudas, la poco afortunada frase «los argentinos descendemos de los barcos», expresada por el Presidente Alberto Fernández, no sólo muestra su desconocimiento de los múltiples pueblos indígenas en el territorio nacional, sino una serie mayor de confusiones y equívocos más profundos. A poco de pronunciada ensayó, es cierto, una disculpa con los “pueblos originarios”; algo más patética aún porque el “desconocimiento” de Fernández no sólo remite al 2,5% de la población nacional que se referencia en los pueblos y naciones indígenas —porcentaje que corresponde al último Censo Nacional pero que, en realidad, representará posiblemente un porcentaje más cercano al 5% ó 10%, pero que por problemas metodológicos el censo no “registra”; tema que ahora no viene al caso, sólo señalar que siendo nosotros una población mayoritariamente mestiza esa identificación con lo indígena es móvil—.

Más allá de tal “número”, el desconocimiento de Alberto Fernández tiene otras implicancias ideológicas. La mayoría absoluta de los argentinos no se referencia en el mito de la inmigración europea —una identidad, sobre todo, de la zona litoraleña y de sus clases medias—. Hay una mayoría absoluta popular, criolla, mestiza, indígena, que no posee esa referencia espacial ni temporal en “el abuelo italiano”, “la abuela gallega”; “mi zeide” o “mi nona”, etc. Es decir, el primer gran desconocimiento de Fernández es la conformación étnica, identitaria y cultural del pueblo argentino.

Pero hay otras derivas a considerar: la emergencia del “mito inmigratorio” en Argentina es relativamente reciente y posee una fecha muy específica: el 17 de octubre de 1945. Frente a la irrupción social y política de los “cabecitas negras”, las clases medias construyeron una nueva identidad preargentina: la de ser hijos de inmigrantes (es verdad que, desde inicios del siglo XX, el Partido Socialista y otros agrupamientos sociales y políticos ligados a los inmigrantes, se referenciaban en “lo inmigratorio” pero nunca disociado, por cierto, de “lo obrero”; aún hoy la izquierda repite la noción sesgada de que la Argentina nace con los obreros trasatlánticos).

Pero la emergencia del mito de la inmigración europea que se da a partir del 17 de octubre posee unos sentidos ideológicos muy precisos. Primero, señala que la “gente bien” no es negra ni peronista. Segundo, que la civilización es privativamente europea y lo que hay o había acá son resabios de la barbarie. Y tercero, y sobre todo para los peronistas esto debería tener alguna importancia, es una tradición no peronista y, más aún, antiperonista.

El peronismo nunca se referenció con la inmigración europea como fuente principal de la “identidad nacional”. Por el contrario, el hispanismo, el criollismo y, en cifras más marginales, tipos de indigenismos fueron sus fórmulas para dar cuenta del mestizaje argento (no celebro, si fuera necesario aclarar, ninguna cifra como acabada y sustancial; y soy precavido en definir en dos o tres palabras de un artículo lo que son siglos de debates teóricos y políticos). Digo, simplemente, que en esta referencia del mito de la inmigración europea, Alberto Fernández está haciendo uso, sobre todo, de una retórica antiperonista.

Pero, más aún, y lo que sí me preocupa, es escuchar a un presidente pensar y decir que “efectivamente” todos los argentinos nos referenciamos con “los barcos”. Esta certidumbre coloca al peronismo como representante de una clase media rioplantense (posiblemente más progresista) pero no de las clases trabajadoras y las clases populares de todo el país. Creo que acá, si me permiten una brevísima deriva, se sintetiza otro drama político que es la mala interpretación del último gobierno de Mauricio Macri. Si al gobierno de Macri se lo pudo vencer en 2019 fue, sobre todo, porque hubo un pueblo que resistió en la calle: manifestaciones, tomas, marchas, revueltas. Sin embargo, hemos interpretado su fin en un modo liberal: Macri cayó por una jugada maestra de Cristina Kirchner —así, se interpretará que en el año 2014, Macri ganó por su propia jugada maestra y un sinfín de etcéteras de jugadas maestras—. Por eso, me detengo en la frase de Alberto Fernández (no en sus eventuales equívocos): por sus nociones epistemológicas escindidas de los sentimientos y experiencias populares. Necesitamos una epistemología política de las masas. Pero lograrla es muy difícil (sino imposible) si no vemos dónde está nuestro pueblo.

Un comentario en “El mito de la inmigración europea

  1. Interesantísimo artículo. Paupérrimo el discurso de Alberto Fernandez, pero algo para complementar a lo expuesto, muy bueno por cierto, es que tambien los esclavos provenientes de África bajaron de los barcos; y es una parte de la población que no tiene demasiada visibilidad, la afroargentina. Soy fiel seguidora de la revista. Les mando un abrazo gigante. Victoria

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