Peronismo y Malvinas: causa nacional y sudamericana

El texto plantea desde la historia recuperar y poner en valor la geografía austral bicontinental. Un recorrido histórico desde la pedagogía de la memoria.

Prof. Dr. Guillermo Batista*

Al acercarse al tema Malvinas, las y los lectores esperan en general que se narre el conflicto bélico en sí. Sus causas inmediatas, los beneficios que buscó la dictadura cívico-militar para perpetuarse en el poder, las características de la guerra, la actitud de los medios con su clásico “vamos ganando”, la colecta nacional (que nunca llegó), la actitud (el valor) de oficiales y suboficiales, los soldados, esos “chicos” que fueron enviados a una muerte segura, la comida “ausente”, el frío. Un sinfín de argumentos ya largamente esgrimidos, escritos, debatidos, hablados, que transformaron en circular la historia de la recuperación de las Islas aquel 2 de abril de 1982; junto a su prolongación los 72 días que duró “la gesta malvinera”, hasta que todo volvió al statu quo consolidado por el Reino Unido de la Gran Bretaña desde la ocupación y usurpación territorial en 1833.

   Si pretendemos insertar el hecho histórico que desencadenó la guerra de Malvinas en una línea de tiempo explicativa, con un contenido que trascienda lo fáctico y lo enriquezca, observaremos que, en la historia de “larga duración”, se fueron dando muestras de la mayor o menor conciencia soberana del territorio perdido tanto por parte del Estado nacional como de la sociedad en general; y esto fue así además, de acuerdo con el contexto político nacional e internacional transitado. El ideario que presentó otras batallas (la cultural, por ejemplo) tuvo la fuerza o la base popular que el Estado con sus políticas públicas impulsó u, otras veces, la historia se escribió desde abajo y Malvinas se impuso en la discusión de la arena política estatal y social.

   En esta línea de razonamiento, desde su descubrimiento en el siglo XVI, hasta hoy, la Historia de imperio español primero y nuestra historia patria luego, nos pueden demostrar de qué modo conceptos tales como: imperialismo, conquista, colonización, independencia, soberanía, identidad nacional, ser nacional, conciencia nacional, recursos naturales, geopolítica, unidad sudamericana, solidaridad entre gobiernos latinoamericanos, liderazgos nacionales y populares, modelos de país, fueron y son parte de la discusión no solamente de las Islas Malvinas, Sandwich y Georgias del Sur, sino de la Argentina como un todo incluyendo a la Antártida.

El eslabón de una Historia inconclusa

Debemos resignificar nuestra identidad mediante un proceso de reconstrucción histórica, social y cultural, lo cual nos permita rescatar desde un nosotros proveniente de una experiencia social concreta, la soberanía territorial, educativa, política y económica.

  Desde la realidad histórica concreta, se inscribió el hecho en sí de la guerra de Malvinas, junto a su prolongación en el tiempo, a modo de nueva antinomia que se demostró entre quienes adhirieron sin eufemismo a un proceso de “desmalvinización”, iniciado apenas terminado el conflicto bélico y se prolongó no sin continuidades y rupturas durante la democracia recuperada a partir de 1983.

   Las contradicciones “orgullo-vergüenza”, “dignidad-oprobio”, “nacionalismo-chauvinismo”, hasta poner en duda la justicia del reclamo, permearon aquella coyuntura y los años posteriores, junto a las negaciones y las políticas del olvido emanadas entre otras causas por haberse producido el hecho durante la dictadura cívico-militar iniciada en 1976. Y lo que es peor aún, el desconocimiento hacia los miles de integrantes de las Fuerzas Armadas que participaron directamente en la guerra, con su secuela de muertos, heridos y traumatizados1.

   Si bien, insistimos, entre 1983 y el presente, las políticas del Estado para con este hecho histórico fueron variando y produciendo diferentes medidas de reconocimiento, no siempre fue de este modo, y debemos auscultar si, la sociedad en términos generales, sobre todo las nuevas generaciones tienen recuerdo o se trabajó y trabaja con políticas de la memoria que tiendan a fortalecer esta cultura. Mas aún en esta época global de aturdimiento informativo e incidencia sociocultural individualista que anula el pasado y hace un culto a la inmediatez y a la vorágine de un presente efímero.

   Por este motivo, la recuperación de una identidad colectiva inclusiva, y de una identidad narrativa colectiva que abarque la totalidad de lo realmente acontecido y lo ponga en debate es fundante para comprender el presente. Esta es una tarea que nos debemos quienes desde las ciencias sociales trabajamos por el recupero y puesta en valor de una Historia sin “dueños”; mucho menos tergiversada y ocultada.

El Peronismo y la geografía austral bicontinental

   Al asumir el general Juan Domingo Perón la presidencia en 1946, inició con referencia a esta temática una campaña de concientización popular. En efecto, en primer lugar, fue la Argentina en aquel año de su asunción uno de los pocos Estados a nivel mundial que declaró la soberanía sobre la plataforma submarina, al tiempo que el Estado proyectó “un plan antártico para delimitar y ocupar el sector polar”.2

   Para ello, refrendó el Decreto 1.386/44, mediante el Decreto 14.708/46, sustentado en ambas declaraciones de sus pares de EE.UU. y México, Harry Truman y Manuel Avila Camacho respectivamente, quienes afirmaron que “en el orden internacional se encuentra taxativamente admitido el derecho de cada país a considerar como territorio nacional toda la Bicontinentalidad argentina y peronismo en la Antártida Suramericana extensión del mar epicontinental y el zócalo continental adyacente3.

   El objetivo para estos presidentes era que el Estado fuera el administrador directo de los recursos naturales que también se hallaban en el subsuelo marítimo de la plataforma continental. En tanto que el Decreto 8.944/46, estableció que los mapas publicados de la República Argentina “que no representen en toda su extensión la parte continental e insular del territorio de la Nación; que no incluyan el sector antártico sobre el que el país mantiene soberanía4. Estas primeras medidas fueron acompañadas de un proceso de divulgación a nivel educativo incorporando al concepto de territorio nacional a la Antártida, e islas del Atlántico sur, lo cual tuvo en cuenta lo terrestre, marítimo y aéreo. Todo ello formó parte además del primer Plan Quinquenal.

   Un tema que el autor del texto que estamos citando rescata y nos parece oportuno reproducir, forma parte de un mito tendiente a dividir a los pueblos latinoamericanos y a sus respectivos lideres que los conducen por un mismo camino. Y nos referimos a Chile puntualmente, país que de modo recurrente se toma como enemigo histórico de la Argentina cuando se trata de explicar la soberanía en tierras australes. Si bien es cierto que, desde finales del siglo XIX hubo diferendos limítrofes a solucionar, los mismos estuvieron al borde de conflictos bélicos cuando dictaduras cívico-militares de ideología liberal (alejadas de toda concepción nacional) gobernaban sendos países.

   Esta cita del período que estamos analizando corroboran nuestra visión, primero la palabra del presidente de la Comisión Nacional del Antártico, Pascual de la Rosa:

Parece oportuno también señalar aquí la estrecha colaboración que en éste, como en otros asuntos, ha existido siempre entre nuestro Gobierno y el de Chile. Las expediciones argentinas se han honrado contando en su seno con marinos del país hermano, que por su parte, retribuye nuestras amistosas demostraciones con igual cortesía. No se delimitará aún la frontera antártica argentino-chilena, pero, países de origen común y de aspiraciones e intereses coincidentes, darán como ya lo han hecho antes- un ejemplo de sano panamericanismo resolviendo este problema con equidad y justicia. Entonces aparecerán perfeccionados los títulos de ambas Repúblicas, a sus respectivos sectores y podrán defenderlos en común” (CNA, 1947: p. 91)5.

   Y a continuación, del canciller Dr. Juan Atilio Bramuglia referidas a una expedición conjunta de ambos países en 1943: «nuestras aspiraciones, análogas a la de la república trasandina, hallan en estos actos nuevas pruebas de una probable y amistosa delimitación de las jurisdicciones de ambos países en la Antártida» (CNA, 1947, p. 87)6. Además, ambos países adoptaron el término “Antártida Sudamericana”, en declaraciones que abarcaron los años 1941, 1947, 1948, 1964, 1971 y 1991.

   Otro elemento geopolítico para tener en cuenta fue la estampilla de 1 peso, que el peronismo imprimió en 1951, donde queda establecida (al igual que en la cartografía de la época) la bicontinentalidad de la Argentina, sintetizando lo jurídico, lo territorial y lo histórico. A ello le sumó en base a la ocupación de las Islas Orcadas desde el año 1904 una declaración que reafirmó que “hasta que no se realicen diversos acuerdos internacionales entre las potencias interesadas en el antártico, la República Argentina no podrá reconocer ninguna demanda sobre tierras que la Historia, la Geografía, la Naturaleza y el Derecho justifican como de su exclusiva propiedad» (CNA, 1947: p. 65)7. De este modo se produjo:

“la difusión de la sobrada acreditación argentina para establecer jurisdicción sobre el sector antártico comprendido entre los meridianos 25º y 74º de longitud oeste de Greenwich y desde el paralelo 60º hasta el Polo Sur, fue priorizada por el gobierno Bicontinentalidad argentina y peronismo en la Antártida Suramericana de Perón. Se incorporaron sólidos argumentos de irrenunciables fundamentos republicanos, que fueron sustentados con una vasta producción editorial y gráfica que renovó la geocultura nacional”8.

   Mientras el Reino Unido de la Gran Bretaña desde la posguerra, también mediante viajes a la zona y producción de estampillas ad hoc, pretendía extender su política imperial colonialista más allá de las Islas Malvinas. De allí también se puede comprender la política conjunta desarrollada entre la Argentina y Chile.  

   En el marco de las políticas de difusión del peronismo acerca de la temática austral, merece un apartado el trabajo realizado en los niveles de educación Inicial, a instancias del Estado nacional. La tríada geopolítica Patagonia, Antártida y Malvinas se definía en 1952 como “El archipiélago de las Malvinas, capital Puerto Stanley, es una prolongación natural de la zona patagónica, cuyas características geográficas presenta. Lo mismo podría decirse de la región antártica próxima a Tierra del Fuego”9.

   No es casual entonces que, en el marco de este ideario, durante los gobiernos peronistas se crearan el Instituto Antártico Argentino, la instalación entre los años  1946 y 1953 de bases con observatorios meteorológicos y de investigaciones científicas tendientes a la total ocupación del sector, como por ejemplo: Melchior, Decepción, Brown, Esperanza y Cámara; en el mes de septiembre del año 1950 el general Hernán Pujato10 convocado por el Presidente Juan  D. Perón, realizó la primera expedición científica polar y en 1954 se concretó la compra del rompehielos General San Martín. Al respecto señalaría el entonces presidente de la Argentina:

Nunca como hoy se ha organizado en forma más científica y ordenada la instalación de bases en el lejano sur. En la Isla Gamma correspondiente al archipiélago de Melchior, nuestro país mantiene desde el año 1947 un observatorio meteorológico. Otra estación meteorológica ha sido instalada en 1948 en la isla Decepción, que pertenece al grupo de la Shetland del Sur. En 1951 fue establecida la base Gral. San Martín en la isla Margarita. Es el establecimiento fijo más austral del mundo11.

Creo que esta actividad, que recién comienza para la Antártida Argentina debió haber empezado hace cincuenta años, pero poco hubiéramos hecho con lamentarnos si a nosotros no se nos hubiera ocurrido empezar ahora, para que dentro de cincuenta años otros argentinos tuvieran que lamentarse por lo que nosotros no hemos hecho. Y fieles a nuestro concepto de que mejor que decir es hacer, hemos comenzado por hacer lo que debió haberse hecho hace cincuenta años”. (Perón, 1952, p. 8)12.

     Por otra parte, la creación del Instituto Antártico Argentino creado en el año 1951 por decreto Nº 7338/51, tuvo como objetivo: “continuar asegurando en forma irrenunciable para la Nación Argentina los derechos históricos, geográficos y territoriales que la asisten sobre el sector de la zona antártica que le pertenece”13. En definitiva, una visión geoestratégica, propia de un Estado y de un liderazgo consciente de la soberanía política, la independencia económica y la justicia social, para con sus habitantes, unidxs en función de una cosmogonía histórica.

* Profesor y Doctor en Historia, UBA. Posgrados: “Identidades y Pedagogía” y UNAM-MORENA, México, “La nueva Política”, dirigido por Enrique Dussel, filósofo, historiador y teólogo.

Notas:

1  Aclaramos que, de todos modos, el debate está instalado también hacia dicha corporación con referencia a la actuación de sus integrantes de acuerdo con sus graduaciones militares, en el campo de batalla. Como así también el comportamiento de algunxs de estos mandos para con lxs conscriptxs durante la ocupación.

2 Ariel Hartlich. Bicontinelidad Argentina y peronismo en la Antártida suramericana. Universidad de la Defensa Nacional, UNDEF. Buenos Aires: 2021. p. 225

3 Ibídem

 4 Op. cit. p. 227.

Op. cit. p. 234

6 Ibídem.

Op. cit. p. 245

8 Ibídem.

9 La Argentina de Perón, libro de lectura, Buenos Aires: Lasserre, 1954: 80- 82. p. 4. En Amelia Beatriz García. Textos escolares: Las Malvinas y la Antártida para la «Nueva Argentina» de Perón Antíteses, vol. 2, núm. 4, julio-diciembre, 2009, pp. 1033-1058 Universidad de Estadual de Londrina Londrina, Brasil. Como antecedente es importante mencionar que “La información del Boletín Oficial, del 28 noviembre 1946, detalla los aspectos del decreto nacional Nº 8.944 de 1946, que prohibía la publicación de mapas escolares de la República Argentina “a) que no representen en toda su extensión la parte insular del territorio de la Nación; b) que no incluyan el sector Antártico sobre el que el país mantiene soberanía; y c) que adolezcan de deficiencias o inexactitudes geográficas, o que falseen en cualquier forma de la realidad, cualesquiera fueran los fines perseguidos con tales publicaciones.” (LOIS, 2004). Op. cit. p.15

10 Hernán Pujato, general de división, (1904-2003), fue un militar pionero en las cuestiones relacionadas con la Antártida Argentina, el 12 de febrero del año 1951 lideró la primera Expedición científica a la Antártida continental.

11 Manual de Educación V, 1953: 37-41. En op. cit. p. 13

12 Op. cit. p. 8

13 Op.cit. p. 13.

Bibliografía consultada

  • Ariel Hartlich. Bicontinelidad Argentina y peronismo en la Antártida suramericana. Universidad de la Defensa Nacional, UNDEF. Buenos Aires: 2021.
  • La Argentina de Perón, libro de lectura, Buenos Aires: Lasserre, 1954: 80- 82. p. 4. En Amelia Beatriz García. Textos escolares: Las Malvinas y la Antártida para la «Nueva Argentina» de Perón Antíteses, vol. 2, núm. 4, julio-diciembre, 2009, Universidad de Estadual de Londrina Londrina, Brasil.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s