Pedagogía de la memoria: Malvinas en las aulas

El texto problematiza el vínculo del conflicto bélico con la colonización pedagógica. Además, propone una serie de novedosas ideas para abordar Malvinas en las escuelas.

Por Laura Obredor

“América para los americanos”, mencionaba la doctrina Monroe. Pero no surtió efecto en muchos de los países del primer mundo como Francia e Inglaterra, que aún siguen teniendo colonias muy lejanas a sus territorios de origen.

Pensar Malvinas en las aulas no se trata de plantear un acto escolar donde leamos unas palabras que sinteticen el conflicto, trabajar un cuento o una poesía que aluda a la fecha para quedarnos conformes de que hemos cumplido con el calendario de efemérides. Pensar Malvinas es una constante, en donde nos ponemos como activos oyentes de los discursos que circulan en la sociedad respecto a qué, cómo y por qué debemos reclamar nuestra soberanía en las islas.

No son ingenuas las posiciones que plantean entregar las Malvinas a cambio de pagar la deuda con el FMI, discurso muy instaurado aún en ciertos sectores políticos. Esta idea manifiesta no solo una colonización que aún continúa, sino también visibiliza una permanente colonización pedagógica y cultural que acompaña a estos sectores.

En este sentido, la Ley de Educación Nacional 26.206 establece, en su artículo 92, que formarán parte de los contenidos curriculares comunes a todas las jurisdicciones “la causa de la recuperación de nuestras Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, de acuerdo con lo prescripto en la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional” (apartado B). De este modo, se considera ese territorio como parte de nuestro país, sino también dentro de una perspectiva latinoamericana de “construcción nacional abierta, respetuosa por la diversidad” (apartado A).

ABC del conflicto Malvinas

El Estado nacional fundamenta y basa su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Greenwich de Sur y Georgias del Sur a partir de tres argumentos: históricos, geográficos y jurídicos.

En cuanto a los argumentos históricos, estos territorios se consideran patrimonios heredados de la colonia española, luego de iniciar el proceso de independencia y de acuerdo al derecho internacional uti possidetis iure, que establece legítimo reclamar la posesión de un territorio que históricamente y geográficamente se ha ocupado. Tal es así que, en 1820, las autoridades argentinas tomaron posesión de las islas y en 1829 nombraron a Luis Vernet como su gobernador. Recién en 1833, apareció la corbeta británica Clio en el territorio malvinense y expulsó a las autoridades argentinas.

Por otra parte, de acuerdo al planteo geográfico, por su proximidad con el territorio argentino, las islas se encuentran a unos 600 kilómetros de nuestro país, frente a los 12.000 kilómetros de Reino Unido. El segundo argumento de este tenor es que, al encontrarse enclavadas en la plataforma continental argentina, es decir, en el margen que va desde el lecho y el subsuelo de las áreas submarinas que se extienden más allá de su mar territorial hasta una distancia de 200 a 350 millas marinas, medidas desde la línea de base.

Un dato importante es que los mapas de Argentina bicontinentales establecen los límites geográficos incluyendo la marcación de la plataforma continental hasta las 350 millas, tal como fue presentado y aprobado el reclamo territorial frente a Convención sobre los Derechos del Mar de Naciones Unidas (CONVEMAR). Aunque también ese organismo reconoció la existencia de una disputa con Reino Unido.

En 2020, el Congreso Nacional argentino aprobó la ley de límites exteriores de la plataforma continental. Por ese motivo, se presentó el mapa bicontinental de la Argentina. A partir del planteo de soberanía territorial, resulta fundamental utilizar esa cartografía en las aulas para continuar el reclamo y poder enseñar a las y los estudiantes en una perspectiva a escala cuáles son los límites de nuestro país a partir de los cuales queda evidenciado a simple vista le pertenencia a nuestro territorio de las Islas Malvinas, así como también darle relevancia a nuestro territorio de la Antártida Argentina.

Por último, en términos jurídicos la Argentina nunca dejó de reclamar la soberanía de las islas a través de todos los medios que tuvo a su alcance, ante el Reino Unido y ante organismos multilaterales, como Naciones Unidas. Esto imposibilita a que la nación ocupante argumente que su estancia en el territorio no tuvo resistencias ni reclamos.

De acuerdo al documento “Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales” (1960), de la Asamblea General de las Naciones Unidas se estableció que el colonialismo se debe poner fin a partir de dos principios: el de libre determinación de los pueblos, -los habitantes pueden decidir a qué nación pertenecer- y el de integridad territorial -tiene en cuenta la cercanía territorial y sus componentes geoambientales-.

El primer principio, sostenido por Reino Unido, a simple vista no puede regirse en el conflicto Malvinas, ya que los habitantes son británicos desde que se expulsó al gobernador argentino en 1829. Por otra parte, en Malvinas no hay un pueblo sometido por un poder colonial, sino uno implantado por parte de una nación con una larga historia de expansión colonialista.

Por estos motivos, el reclamo de la Argentina se rige a partir del principio de integridad territorial, constituye como prueba fehaciente la confección del mapa bicontinental de la Argentina, cuyos límites establecen no solo la proximidad territorial, ambiental, climática coincidente con la Patagonia argentina, sino también su correspondencia a la plataforma marina.

En 1965, la Asamblea General de las Naciones Unidas a través de la Resolución 2065, se pronunció acerca del reclamo de Malvinas: reconoce el litigio entre Argentina y el Reino Unido, aunque indica que ese conflicto debe resolverse a través de negociaciones entre ambos países. Al considerar a ambas partes en la resolución, el organismo internacional desestima la estrategia británica, aunque de forma implícita, de basarse en el principio de libre determinación de los pueblos como razón posible.

La resolución 2065 fue apoyada por 94 países a través de su voto, no hubo países en contra, ni siquiera Reino Unido, que se abstuvo junto con otros 13 países. En la actualidad, en suma, este planteo internacional acerca de Malvinas fue ratificado en más de 40 oportunidades y resulta una de las presentaciones jurídicas internacionales más importantes. Sin embargo, Reino Unido aun se niega a acceder a negociar una solución posible.

De esta determinación jurídica se pueden desprender dos necesidades fundamentales: la de memoria y la de justicia. Al presentar permanentemente el reclamo de Malvinas como parte del territorio argentino se invalida la idea de que las islas fueron ocupadas y olvidadas por nuestra nación. En cuanto a la noción de justicia: es vital remarcar y hacer cumplir la resolución dictada por las Naciones Unidas de darle lugar a la negociación entre ambos países.

La desmalvinización

Como es posible leer en el artículo La causa Malvinas y el pensamiento nacional de este número de Punzó, a grandes rasgos, “desmalvinizar” se trata de un proceso político, ideológico y discursivo que vienen llevando a cabo sectores de poder hegemónicos que quitan relevancia al reclamo de soberanía de las islas Malvinas.

Puede observarse en este planteo una ligazón entre este discurso y una profunda colonización pedagógica, que termina desestimando el reclamo de soberanía para llevarlo al extremo y aborda solo las consecuencias de la guerra bajo el argumento de un dictador descabellado, borracho, que decidió en soledad dar esta batalla.

El proceso de desmalvinización se da desde el retorno de la democracia, en 1983. Este episodio de la historia argentina fue diluido en dos sentidos: para mitigar el chauvinismo de la dictadura y además invisibilizar la reivindicación histórica argentina de su soberanía territorial sobre las Malvinas.

Esto dio lugar a que existan discursos, generalmente de derecha, que ofrecen estos territorios como pago de deudas con el FMI y, como si se tratara de un bien intercambiable sin ninguna relevancia para la nación. Pero esto no debería sorprendernos, ya que estos sectores son los que impulsan la migración hacia Europa o Estados Unidos como solución de los “males” que aquejan, casi genéticamente, según sus perspectivas, a nuestro pueblo.

Cómo trabajar Malvinas desde la pedagogía de la memoria

Al hacer este recorrido histórico a grandes rasgos obtenemos varios de los fundamentos de por qué para algunos docentes no resulta habitual trabajar esta temática en sus clases. Sumada a la corriente de desmalvinización, debemos reconocer algunos dilemas acerca de este tema que es necesario tensionar y plantear como debates abiertos que resultan indispensables.

El primero de ellos es cómo enseñar la importancia de Malvinas para la soberanía de nuestro país, sin quedar asociado a la reivindicación de la dictadura cívico militar que llevó a cabo la acción bélica y los crímenes de lesa humanidad. Cómo pensar y educar el concepto de defensa de la patria sin caer en el nacionalismo cerrado y xenófobo. Cómo representar la lucha de los soldados como héroes de la patria, sin caer en la idealización del combate y en la reivindicación u ocultamiento de los abusos de guerra.

Una política de la memoria exige pensarnos permanentemente como partícipes de nuestra historia que impacta, además, en las nuevas generaciones. En este contexto, es necesario plantear un narrar de la historia con sus matices y contradicciones, pero no por su complejidad perpetuar su silencio.

Pensar Malvinas es sacarla de los manuales para construir una historia familiar acerca de cuál es la cercanía que cada uno de nosotros con los acontecimientos. El pensar qué hacían nuestros padres, abuelos, hermanos en ese momento. Qué pensaba y piensa la sociedad misma.

En este reconstruir de la memoria colectiva nos encontramos con relatos que nos interpelan como sociedad. El caso de madres y padres de los héroes de Malvinas o aquellos que desde su lugar desearon rendirles homenaje poniéndoles a sus hijas Malvina o Soledad. Y faltan temas por desarrollar, como el caso de las mujeres que participaron de la guerra como soldado o enfermeras.

Hablar de Malvinas en las aulas permite problematizar con las y los estudiantes las circunstancias previas y posteriores a la guerra, como el ocultamiento de los vencidos, los crímenes de lesa humanidad que se cometieron desde los altos rangos militares con nuestros soldados y evidenciar la barbarie de los países del “primer mundo”, como los ataques a civiles propinados por Reino Unido en el hundimiento del Crucero General Belgrano.

Hablar de Malvinas permite hacer historia no solo de un país de forma abstracta, si no de las familias que las componen, cada uno de nosotros en mayor o menor medida tenemos algún vínculo con esa historia, conocemos a un ex combatiente, conocemos a alguien llamado Malvina o Soledad, que ha nacido durante la guerra, que le tocó la colimba en esa época o que “zafó”.

Así como ocurre con el 24 de marzo con el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, el 2 de abril, el día de Veterano de Malvinas, 10 de junio Día de la afirmación de los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas y el 14 de junio, fecha de conmemoración del fin de la guerra, aparece una cierta superficialidad en su tratamiento escolar que resulta peligroso y que da lugar a discursos antidemocráticos.

El resultado de no plantear una pedagogía de la memoria como perspectiva indispensable en la construcción de la ciudadanía, en los cimientos de la educación de cualquier nivel como un abordaje ineludible y en la transversalidad de los contenidos permite que se sigan colando personajes nefastos como líderes de los jóvenes y no tan jóvenes que revindican la dictadura, la banalizan o incluso lo que es peor, niegan su carácter destructivo.

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