El discurso de género como dispositivo imperialista

Preciso análisis en búsqueda de coordenadas que ayuden a identificar el enemigo. En esa línea, desenmascarar al progresismo resulta una tarea urgente.

Francisco Zeballos

En medio de la guerra de Ucrania, Hillary Clinton, la ex secretaria de Estado de los Estados Unidos -o como pronunció alguna vez Groucho Marx: United Snakes– afirmó que Vladimir Putin era “muy sexista”. No fue un enunciado aislado: la explicación de la guerra a causa del machismo ruso fue recurrente en todos los diarios occidentales: The Guardian, The New York Times, La Nación, El País, Folha de São Paulo. No me interesa, ahora, hablar de la guerra. Sino de la naturalidad con que izquierda y derecha aceptaron este enunciado no sólo como plausible sino como lógico, obvio, evidente.
El análisis crítico se hace necesario: la noción teleológica del imperialismo occidental (progreso, racionalidad y pensamiento versus atavismo de pueblos sin cultura) introduce hoy como elemento central el género. Los pueblos atrasados son machistas, nosotros no, pareciera rezar la nueva religión secular-liberal. Punto ciego de la ideología pequeño burguesa que hace sistema con el imperialismo. No es, por cierto, una ceguera epistemológica nueva. Ya la izquierda argentina fue furiosamente antiperonista justamente por no encontrar en el peronismo histórico sino retraso, barbarie, violencia. Revisar, simplemente, qué dijo la izquierda el mismo 17 de octubre de 1945 -desde el Partido Socialista hasta el Partido Comunista, atravesando por los incipientes grupos trotskistas-, se descubre esta argumentación contra el «mulataje desmadrado». Acaso lo singular es que este discurso progresista aliado histórico al imperialismo sea quien oriente hoy al peronismo. Es más, si el sujeto histórico del peronismo fue el movimiento obrero y la clase trabajadora, actualmente lo son les becaries del CONICET, la clase media progresista y las agrupaciones estudiantiles del peronismo queer. Como dice un amigo, antes eran los obreros de la construcción, hoy lo es la clase media deconstruida.
Y es, al menos sorprendente, que en un movimiento forjado en la lucha antiimperialista, nadie o casi nadie, se pregunte dónde opera, en términos culturales, el imperialismo. Acaso ninguno de sus dirigentes o cuadros medios haya revisado las múltiples inversiones millonarias de los organismos internacionales y las fundaciones de los monopolios capitalistas. Simplemente abrir las páginas web del Banco Mundial, la Fundación Ford, la Open Society o la OCDE, para encontrar que sus inversiones culturales principales son destinadas al feminismo, a las minorías étnicas y sexuales y a las reformas curriculares de los sistemas educativos. Los mismos organismos y fundaciones que organizan el expolio de los países periféricos, fomentan y financian estos programas inclusivos.
Existen efectos inmediatos de estas políticas globales. Por ejemplo, el apoyo de todo el feminismo mainstream andino (desde Segato a Cusicanqui) al golpe de Estado desarrollado en Bolivia en 2019. Justamente porque Evo Morales era “machista”, “patriarcal”, “sexista”, etc. Feminismo dominante pero no total, en verdad, ya que hubo organizaciones de mujeres dentro del movimiento campesino e indígena que luchó contra el golpe. Pero partían de atrás: debían explicar su apoyo a Evo, como si ese apoyo debiera ser justificado frente a una legitimidad ideológica del feminismo golpista.
Los ejemplos abundan. Sólo para dar un caso más inmediato de esta decadencia ideológica en el propio peronismo: el rol que ha ocupado Diana Maffia en estos años -desde distintas reparticiones del Estado nacional pero principalmente desde el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad encabezado por una gran simpatizante de todos los programas y financiamientos de los organismos internacionales, Elizabeth Gómez Alcorta-. Cuando leí la designación de Maffia como referente, y luego de charlar y debatir con compañeros y compañeras, descubrí (con desconcierto) que desconocían por completo quién es Diana Maffia.
No se puede combatir a un enemigo que no se conoce.
Se ha dispuesto que millones de trabajadores del Estado sean capacitados -directa o indirectamente- por una intelectual que afirmó (y afirma) que “Perón era un militar, burgués, fascista y misógino”. No sorprende, por cierto, que lo diga Maffia, una activista liberal que dirigió el Instituto Formación Política Hannah Arendt creado por Elisa Carrió. Creemos que no es necesario, al menos entre compañeros, explicar los vínculos de Carrió con los servicios de inteligencia extranjeros. Lo sorprendente es que el peronismo jerarquice a Maffia en este rol institucional.

¿El peronismo, hoy, piensa que Juan Domingo Perón es burgués, fascista y misógino? La decadencia ideológica del peronismo -de antigua corriente de masas antiimperialista a una secta de técnicos progresistas vendiendo sus recursos al Estado- hace imposible abrir cualquier debate sobre el tema a riesgo de ostracismos varios (inclusive, persecuciones ideológicas en los mismos lugares de trabajo). Pero sin enfrentar al imperialismo, no hay movimiento nacional. Y el discurso de género, tal como hoy está organizado, y financiado, es un dispositivo imperialista.

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